Desde que John Bowlby formulara el concepto, el apego ha sido fruto de multitud de estudios, para determinar cómo nos influye la manera en que nos vinculamos a los demás.

El origen de los estilos de apego:

Mary Ainsworth,  fue una psicóloga estadounidense (1913-1999), que se unió en Londres al equipo de investigación de John Bowlby (1907-1990), el cual centraba su investigación sobre el concepto de apego, como tratamos en un post anterior . Observó las interacciones entre el cuidador primario (la madre, habitualmente) e hijo. Así, clasificó la conducta de la madre con base en cuatro dimensiones: sensibilidad-insensibilidad hacia las necesidades del bebé; aceptación-rechazo hacia las tareas de cuidado del bebé; cooperación-interferencia en las necesidades del bebé y por último accesibilidad-ignorancia hacia el bebé.

Ainsworth y sus colaboradores idearon un método de estudio en laboratorio para analizar la conducta de madre e hijo: la “situación extraña”. Consiste en observarles en una secuencia que intercala juego entre madre e hijo, aparición de un extraño en la habitación y momentos en los que la madre sale de la habitación para volver finalmente. Hicieron una clasificación de tres estilos de apego, según el comportamiento que muestra el niño:

A- Estilo Inseguro Evitativo: No muestra afecto casi por la madre cuando está presente. Sí muestra ansiedad al quedarse solo en la habitación y cuando su madre regresa no se resiste al contacto pero no muestra alegría. Explora la habitación sin contacto con la madre.

B- Estilo Seguro: cesa el llanto en cuanto vuelve la madre, calmándose. Explora la habitación tranquilo,  la presencia disponible y atenta de la madre actúa como base segura desde la que explorar el entorno, volviendo a ella a menudo, sobre todo en busca de consuelo. Este es el estilo más frecuente en los niños.

C- Estilo Inseguro Ambivalente: Cuando su madre regresa se muestra enfadado y agresivo con ella o la evita. Su conducta exploratoria es limitada, aunque esté su madre.

Observaron que los niños con un estilo de apego seguro, tenían madres que  mostraban más sensibilidad, aceptación, cooperación y accesibilidad. Los niños que mostraban un estilo de apego evitativo o ambivalente, tenían madres más rechazantes, e insensibles o que ignoraban a sus hijos. No serían estos comportamientos causas del estilo de apego del niño, si no que se daban más frecuentemente estas conductas por parte de las madres en cada caso.

Posteriormente, Main y Solomon añadieron en un cuarto estilo: inseguro desorganizado, para niños con reacciones contradictorias hacia la madre.

Causas del estilo de apego:

Adicionalmente a estos factores relativos al cuidado por parte de la madre durante la primera infancia, el estilo de apego está influido por muchos otros:

– Los propios del niño: factores genéticos como el temperamento, etc…

– Condiciones del cuidador primario: nivel de estrés, satisfacción en su relación de pareja, estado de ánimo, apoyo social, factores culturales, etc… Y con más fuerza aún, acontecimientos vitales complejos: separación del núcleo familiar, violencia, abuso, etc… que afecten tanto al niño como a sus cuidadores.

Las condiciones de crianza o estilo parental  durante toda la infancia y la adolescencia.

– Experiencias en las relaciones de pareja, ya en la edad adulta.

Consecuencias del estilo de apego:

Los estudios muestran la asociación entre el estilo de apego seguro y un buen funcionamiento psicosocial de los niños (Fenney y Nollan, 2001): resolución de problemas interpersonales, comunicación abierta y eficaz entre hijos y padres,  poca necesidad de disciplina, etc… El niño se conceptualiza a sí mismo como una persona valiosa y desarrolla expectativas positivas de sí mismo y de los demás, que le ayudan a aproximarse al mundo con confianza, afrontar las dificultades, etc… Además, permitiría una primera experiencia de regulación de las emociones  poner link al artículo del día 17/4/18 para qué sirven las emociones (miedo, ira…) a través de la madre, que le atiende y calma, para más adelante poder interiorizarla (autorregulación emocional). Parece que actúan generando una mayor o menor vulnerabilidad al estrés y a situaciones vitales desfavorables En el caso de los apegos inseguros, ocurriría lo contrario: autoconcepto negativo, malas expectativas, menor autorregulación emocional… lo puede contribuir a un desarrollo socioemocional inadecuado de la persona, si otros factores negativos confluyen.

En conclusión, los estilos de apego generan modelos mentales del sí mismo y de los demás y de esta forma condicionan la manera en la que nos relacionamos con nosotros mismos y con otras personas. El estilo de apego tiene una influencia sobre el desarrollo socioemocional y por tanto en la buena adaptación psicosocial a partir de la adolescencia, pero no es determinante, ya que hay muchos otros factores implicados. Los estudios indican que un 70 – 75% de los adultos  conservan el mismo estilo de apego que de pequeños, y un 25 – 30% cambia de estilo fruto de sus experiencias vitales, como las relaciones de pareja a partir de la juventud. (Levine y Heller, 2010).

Irene de Miranda Reynés
Directora IDEM Psicología y Terapia