Las fobias específicas se caracterizan por un miedo intenso ante objetos o situaciones concretas como lugares cerrados, oscuridad, ciertos animales, recibir inyecciones o realizar determinadas actividades como conducir, volar en avión, subir en ascensor, realizarse una prueba médica o intervención, etc… En realidad, puede darse una fobia ante muchos otros estímulos, aunque sean menos frecuentes (fobias a un aparatos eléctricos, a los espejos, objetos punzantes, a sentarse en determinados lugares…)

Cuáles son los síntomas habituales de las fobias

La respuesta al elemento temido es de miedo o ansiedad muy elevada, de manera inmediata o previa (como anticipación de su posible aparición), llegando incluso a provocar ataques de pánico, lo que no ocurre en todos los casos. En el caso de los niños, la respuesta suele ser en forma de llanto, rabieta, inmovilidad o aferrarse a otra persona. Un caso especial es la fobia a la sangre, que normalmente provoca náuseas y/o mareo hasta llegar al desvanecimiento en algunos casos, sin que exista una reacción de miedo inmediato.

Una característica importante es que la respuesta de miedo es desproporcionada para la amenaza real que supone el estímulo temido, algo que las propias personas adultas afectadas suelen reconocer cuando están fuera de la situación temida, no así los menores.

Cuáles son las consecuencias para la persona

La persona siente un malestar continuo que se agrava ante la presencia o anticipación del estímulo temido. Lo habitual es que lo evite a toda costa, por ejemplo subiendo siempre por las escaleras en vez de coger el ascensor. Cuando tiene que afrontarlo sin remedio, lo soporta con un gran malestar y con presencia de conductas defensivas que palien en cierta medida las amenazas: por ejemplo, agarrando con fuerza el volante mientras se conduce, o tomando alcohol antes de subir al avión.

Además las fobias suelen interferir en la vida personal, social o laboral de la persona, ya que le puede limitar en sus necesidades, usos y obligaciones habituales, con el consiguiente desajuste personal, laboral o familiar. Por ejemplo, una persona puede negarse a viajar en el trabajo. Es importante el riesgo que suponen algunas de estas estrategias defensivas y de evitación, como el hecho de no acudir a sus citas médicas, por ejemplo.

Por qué se puede desarrollar una fobia

Cuando una persona acude a un servicio de psicoterapia por este motivo, el psicólogo especialista y colegiado (Psicólogo Sanitario o Psicólogo Clínico) realizará una evaluación previa para conocer las características el problema en particular. Normalmente se suelen encontrar varios de los siguientes factores en el problema:

Cierta hipersensibilidad neurobiológica a determinados estímulos, bien por características temperamentales (por ejemplo inhibición a lo desconocido) y/o un sistema nervioso autónomo más reactivo de lo normal. Tiene un componente genético muy importante.

Cierta predisposición psicológica basada en experiencias tempranas, por ejemplo la percepción de que las situaciones estresantes son impredecibles o las reacciones a las mismas son incontrolables, etc… En este sentido, los estilos educativos tienen un gran impacto, desde los estilos más sobreprotectores a los negligentes, ya que no favorecen un aprendizaje efectivo de estrategias de afrontamiento del estrés en los niños. Pero también hay otras condiciones como pueden ser la sensibilidad al asco, susceptibilidad a la ansiedad o al miedo, etc, que actúan como factores de vulnerabilidad para algunas fobias.

– Ciertas experiencias de aprendizaje de la persona,  como puede ser experiencias negativas directas con el estímulo temido (accidentes, mordedura de un animal, etc….), pudiendo ser suficiente un solo evento. En otras ocasiones, han visto en vivo o en video/TV experiencias negativas de otras personas; o reciben información alarmante sobre potenciales amenazas sobre un estímulo concreto. Por otro lado hay situaciones que generan cierta ansiedad o miedo en sus primeras exposiciones de manera natural, por ejemplo la primera vez que dormimos fuera de casa de pequeños. Normalmente por habituación, progresivamente se va perdiendo el miedo; pero si se dan elementos altamente estresantes durante ese periodo, pueden actuar interfiriendo en el proceso normal. Lo más habitual es que se combinen varias de estas experiencias de aprendizaje en un caso concreto.

¿Cuál es el tratamiento psicológico de las fobias?

Los tratamientos psicológicos que tienen una evidencia empírica son la exposición controlada en vivo, en imaginación o con realidad virtual, de forma graduada, y la técnica del modelado participante; además, se suelen combinar con otras técnicas como reestructuración cognitiva, relajación, exposición interoceptiva, etc según el caso. Es importante que los tratamientos sean realizados por un Psicólogo Sanitario o Clínico colegiado, habiendo realizado una adecuada evaluación previa detallada. Cada caso requiere su plan de tratamiento específico en función de las características particulares de cada paciente, por lo que cualquier consejo genérico o recomendaciones estándar no reúnen las garantías de un tratamiento basado en la evidencia científica.

Manual clínico de referencia:

– Vallejo Pareja, M.A. (Coordinador). 2015. Manual de Terapia de Conducta. Madrid: Dykinson.

Irene de Miranda Reynés
Directora IDEM Psicología y Terapia