Los valores son nuestras guías personales en la vida, si bien en ocasiones se convierten en obstáculos para satisfacer nuestras necesidades y pueden ser fuente de malestar psicológico.

En una entrada anterior del blog hablábamos sobre los valores  y su importancia como guías de nuestro comportamiento y toma de decisiones. Es importante ser consciente de nuestros valores y experimentar cómo al actuar conforme a ellos, reforzamos nuestro autoconcepto y alimentamos nuestra autoestima.

Somos esclavos de nuestros “deberes”

La parte más oscura de los valores, es que nos pueden  inundar de “deberes” autoimpuestos: “debo ser perfecto y competente en todo lo que hago”; “debo siempre mostrarme feliz y tranquilo”; “debo sentir el amor siempre y de la misma manera, si no es que se acabó”; “debo prever, controlar y planificar todo”, etc… Son sólo ejemplos: cada uno tenemos también nuestra propia lista de mandatos personales. Proceden de creencias muy profundas y reglas de vida que tenemos muy interiorizadas y que hemos desarrollado desde la infancia. El problema suele ser que si no cumplimos nuestros “deberes”, nos sentimos profundamente insatisfechos y culpables. Si uno no vive plenamente de acuerdo a sus valores, es malvado o indigno.

Cuando los valores no son tan sanos

Estos deberes reflejan unos valores inflexibles (que contienen las palabras siempre, nunca, todo…. sin margen de actuación), y poco realistas: es muy probable que generen consecuencias negativas si los cumplimos  a raja tabla. Además, son muy exigentes y difíciles de cumplir, por lo que dañan continuamente nuestra autoestima. En ocasiones, se complica cuando funcionamos con valores que han sido “copiados” de nuestros padres, pareja, etc… sin que realmente tengan un sentido propio o ayuden a conseguir nuestras propias metas. Por ejemplo, el valor copiado de la “productividad: no puedo descansar ni relajarme, pues pierdo el tiempo”, que a personas tengan unas necesidades de equilibrio, actividad física, reflexión o diversión puede provocar mucho sufrimiento. Así, los valores pueden llegar a ser disfuncionales, generando insatisfacción personal y falta de sentido vital, por lo que conviene hacer una revisión de los mismos. También es frecuente que ante cambios significativos como una pérdida importante, un cambio en el estado de salud, un suceso traumático o un periodo de mucho estrés, las personas necesiten un proceso de clarificación y priorización de sus valores y metas personales. En nuestra consulta, abordamos estos procesos desde un punto de vista humanista, ayudando a la persona a formular sus propios interrogantes y a hallar sus propias respuestas.

Irene de Miranda Reynés

Directora de IDEM Psicología y Terapia