En ocasiones mantenemos un lenguaje interior que nos juzga negativamente y nos ataca en diversas situaciones del día a día, influyendo en nuestro estado de ánimo y nuestro comportamiento.  

Se denomina crítica patológica y es una amenaza constante a nuestra autoestima. El término fue acuñado por el psicólogo Eugene Sagan, y aunque todos tenemos en algún momento este lenguaje interior, en las personas con baja autoestima esta conversación interna es mucho más negativa, frecuente e insidiosa. Consiste en mensajes internos, involuntarios o automáticos, que nos dirigimos a nosotros mismos, que anticipan resultados negativos, nos comparan con los demás, etc…

De dónde procede la crítica patológica

En general, procede de creencias y reglas de vida disfuncionales que tenemos muy interiorizadas. Decimos disfuncionales porque son globales, absolutas, exageradas o contienen una visión parcial y negativa de la realidad. Las hemos aprendido de nuestra cultura (los valores del éxito, la individualidad, el prestigio, etc…) y de nuestra familia (estilo parental, expectativas de los padres, orden de nacimiento, el modelo que nos ofrecen nuestros padres…). También proceden de nuestras primeras experiencias de vida (éxitos y fracasos alcanzados y cómo los hemos vivido, características especiales o ser “diferente”, acontecimientos estresantes, castigo sistemático, o incluso más graves como abuso o negligencia de nuestros cuidadores etc…).

Así, una persona puede tener creencias muy profundas sobre cómo funciona el mundo (“el mundo es una estafa”, “vivimos para sufrir”…), sobre cómo son las demás personas (“los demás son superiores”, “las personas son malas por naturaleza”…) y sobre cómo es ella misma (“soy inútil”, “soy mala persona”…). Además, puede tener reglas de vida negativas, exigentes y desadaptativas, del tipo: “si tengo un fallo, entonces soy un fracaso”, “necesito tener alguien a mi lado que me quiera para ser feliz”, “mi valor personal depende de que obtenga logros”, etc… Estas reglas, tan exigentes, hacen muy difícil su cumplimiento siempre, por lo que son una amenaza continua para nuestra autoestima.

Cómo nos afecta en el día a día

Cuando estas creencias y reglas de vida se aplican a una situación concreta, surgen los pensamientos automáticos negativos. Por ejemplo: una persona con una creencia de que “los demás son superiores que yo”, ante la situación de iniciar una nueva conversación, puede tener pensamientos automáticos del tipo “para qué voy a hablar, si no le va a interesar”, “se va a reír de mí”, etc… Estos pensamientos influyen en nuestro comportamiento, ya que ante multitud de situaciones despiertan emociones como la ansiedad o el miedo,  la culpa o la vergüenza. Así, condicionan nuestro estado de ánimo,  nuestras decisiones, la manera de afrontar problemas y conflictos e incluso cómo nos comunicamos con los demás.

Es muy frecuente en psicoterapia trabajar estos aspectos desde un enfoque cognitivo-conductual para realizar una revisión de estos patrones de pensamiento, de forma que la persona tome conciencia y revise si éstas se adecúan a su realidad actual, le ayudan en la consecución de sus metas personales o por el contrario, generan un sufrimiento innecesario. Siempre podemos explorar modos de ver el mundo más realistas y positivos, sin por ello renunciar a nuestros valores personales o historia de vida.

Bibliografía:

– MacKay, M., y Fanning, P. (1991) Autoestima. Evaluación y mejora. Barcelona: Martínez Roca.

– Mora, M., y Raich, R.M. (2010) Autoestima. Madrid: Síntesis.

Irene de Miranda Reynés
Directora IDEM Psicología y Terapia