Los valores son principios y convicciones profundas que tenemos las personas que nos orientan en nuestro comportamiento; por ello se dice que son nuestra guía personal.
Cada uno desarrollamos nuestro propio sistema de valores jerarquizados: unos son más importantes que otros. Valores universales con los que muchos nos podemos identificar son la justicia, la libertad, la amistad, la responsabilidad, la familia, etc… Pero también son valores otros más particulares como la comodidad, la espiritualidad, la estética o la lealtad. Efectivamente, cada uno tiene su propia escala de valores. De alguna forma, los tenemos interiorizados, nos ayudan a decidir cómo comportarnos y a tomar decisiones, aunque no seamos conscientes. Confiamos en ellos porque para cada uno representan un ideal de cómo debería funcionar el mundo y las relaciones, y esperamos que si nos adherimos a ellos, tendremos consecuencias positivas y conseguiremos nuestras metas.
Una característica de los valores es que son durables en tiempo: no los cambiamos con rapidez. Pero a su vez son flexibles; es decir, que según vamos madurando, nuestros valores también evolucionan. Las experiencias de la vida nos ayudan a irlos desarrollando y matizando, de forma que se adecúen a nuestro contexto personal, social y a nuestras necesidades. Los valores son polares, es decir que cada valor tiene su contravalor, que nos genera rechazo. Por último, destacamos que los valores forman parte de nuestro autoconcepto y tienen relación con la satisfacción personal: actuar conforme a nuestros valores nos hace sentirnos bien y refuerza nuestra autoestima.
Según Lawrence Kohlberg, psicólogo estadounidense, el desarrollo de los valores y del razonamiento moral en el niño se alcanza a partir de los 10 años, de manera que hacer “lo correcto” es una manera de conseguir ser aceptado por los demás. Es la base del comportamiento en sociedad. Debemos ser conscientes que para desarrollar un sistema de valores se requieren ciertas capacidades cognitivas (pensamiento causa-efecto; razonamiento medios-fin…), lingüísticas, sociales y emocionales, que se irán completando a lo largo de la adolescencia. Es a partir de los 18-20 años, según este autor, cuando aparece la autonomía moral: actuar bien es hacer aquello con lo que uno libremente se ha comprometido. Incluso, puede haber un razonamiento moral de carácter superior: aquellas personas que tienen una mayor conciencia de los valores universales y son capaces de luchar por ellos.
Estos valores se construyen a partir de las vivencias cotidianas en la interacción con el medio físico y social, en la familia, la escuela, las relaciones de amistad, las empresas, etc. pero también influyen los medios de comunicación, los líderes sociales y políticos, la publicidad, las redes sociales, etc… La Educación en valores propone promover espacios para que niños y mayores aprendamos a construir nuestros propios sistemas de valores. Especialmente en las escuelas, maestros y orientadores trabajan para ello.
También en psicoterapia, tanto infantojuvenil como con adultos, es frecuente promover este proceso de construcción del sistema de valores, toma conciencia o conexión con ellos. En nuestra consulta abordamos estos procesos con un enfoque humanista, siendo un vehículo para que la propia persona pueda hacer esta reflexión.
Irene de Miranda Reynés
Directora IDEM Psicología y Terapia


