Normas y límites son fundamentales en la educación de nuestros hijos, pues ellos aún no tienen la capacidad de responsabilizarse de todas sus acciones y decisiones, dependiendo de nosotros para saber lo que está bien o mal o lo que es peligroso.

Las normas son una forma de transmisión de valores, y son imprescindibles para el funcionamiento familiar. Además, son la base del comportamiento social, que primero se aprende en casa.

Las normas son instrucciones claras y directas sobre el comportamiento que queremos que nuestros hijos lleven a cabo o no en ciertas situaciones. Los límites, por su lado, nos ayudan a que sepan hasta dónde pueden llegar con un comportamiento determinado, de manera que dentro de ese límite, ellos tengan autonomía y capacidad de decisión y auto-regulación. Los límites están relacionados con la capacidad de contenernos y contener a los demás, siendo una de las bases del comportamiento asertivo, que se empieza a aprender en la infancia y la adolescencia.

Ambos, normas y límites, tienen que estar expresados con detalle para que no generen dudas, ser explicados con antelación y deben inlcuir las consecuencias de su cumplimiento o incumplimiento.  También es importante que estén adecuados a la edad o momento madurativo de cada uno de nuestros hijos, por lo que no serán iguales para todos ellos y debemos ser capaces de explicárselo.

Las normas fundamentales deben ser respetadas por todos, incluidos los padres si es preciso, siendo un modelo a seguir y de manera consistente entre ambos.  Cuando el incumplimiento de una norma o límite conlleve una consecuencia para nuestro hijo, debemos ser capaces de cumplirlo, aunque nos duela. Así, deberíamos evitar decidir normas en momentos de enfado. Es mejor que padre y madre se pongan de acuerdo en un momento de tranquilidad, se expliquen las normas o los cambios en las mismas a los hijos, y después entren “en vigor”, en vez de ir improvisando.

Las normas más importantes e innegociables deben ser muy pocas y estar en conexión con los valores familiares: respeto, no violencia, sinceridad, compromiso con la seguridad y salud propia y ajena,  estudiar y asistir a clase, etc… cada familia las establece de manera clara y desde que son pequeños. Luego están otras normas importantes, sobre las que se puede ser más flexible y negociar hasta cierto punto: los hábitos de alimentación, higiene, horarios de llegar a casa y de sueño,  etc… Puede haber otras normas adicionales, que se pueden negociar directamente, como son: decoración de la habitación, ropa que usan, ocio propio en casa (TV, juegos, móvil…), actividades en familia, aficiones y deportes preferidos, amigos…. La idea es que las normas innegociables sean pocas, claras y firmes (aunque se puede ser flexible e irlas adaptando a la edad) y que el resto se pueda negociar en mayor o menor medida, según la edad.

Poco a poco, nuestros hijos irán interiorizando normas y límites, de manera que con la edad puedan ellos mismos ser sus propios referentes. Los estudios indican que las familias intransigentes-autoritarias y las más permisivas, son las que generan mayor riesgo de que sus hijos realicen conductas de riesgo, porque no facilitan el desarrollo de los límites y normas internos, y generan más oposición y actitudes rebeldes en sus hijos. Cuando en una familia se establecen normas y límites claros, flexibles y según aumenta la edad, negociados, se genera más autonomía y responsabilidad en sus hijos.

Llegada la adolescencia se dificulta la comunicación y aumenta su resistencia a aceptar límites, debido a esta rebeldía que les lleva a cuestionar y transgredir las normas. Pero que las cuestionen no significa que no las acepten e incluso que no las deseen y no las necesiten. Además, las normas y límites, adecuados a la edad, les permiten tener una sensación de seguridad y protección que es muy valiosa para ellos, que necesitan de verdad.

A menudo no somos conscientes de todo ello y  tememos poner normas y límites para evitar la oposición continua que tanto nos incomoda. Si no los ponemos, les dejamos desprotegidos cuando más lo necesitan, en este momento de tendencia a la exploración. También son una muestra de nuestro amor y la necesidad que tenemos nosotros de que ellos estén bien.

Bibliografía recomendada para padres:

Cómo crecen nuestros hijos. Guías de Familia, 2. Consejería de Políticas Sociales y Familia – D. G. de la Familia y el Menor, Comunidad de Madrid.

Irene de Miranda Reynés
Directora IDEM Psicología y Terapia