Continuamos hoy con la serie de artículos en el Blog sobre la importancia de regular nuestros propios estados emocionales. Destacamos la capacidad que tenemos las personas de convivir con nuestros estados emocionales de forma adaptativa, siendo una ventaja más a la hora de relacionarnos con los demás, afrontar retos, gestionar el estrés o cumplir nuestras metas personales. Las emociones nos conectan con el mundo, con nosotros mismos y con lo demás, por lo tanto, necesitamos escuchar esa parte nuestra y aprender a convivir con ella. Estar conectados con nuestras emociones supone ser conscientes de ellas, pero también evitar que nos desborden, buscando estrategias personales para retomar el equilibrio cuando sea necesario, especialmente ante emociones desagradables como el miedo, la ira, la ansiedad, etc. Revisamos hace algunas semanas las estrategias adaptativas para regular nuestras emociones. Hoy vamos a revisar otras estrategias que a veces usamos las personas para regular nuestros estados emocionales que funcionan en un momento dado, pero que son desadaptativas cuando se convierten en esquemas habituales de funcionamiento y nos traen consecuencias negativas a nivel personal (salud, autoestima, desarrollo y logro personal…) o a nivel de las relaciones interpersonales (conflictos, empobrecimiento de las relaciones…) Siguiendo el estudio de Skinner, Edge, Altman y Sherwood (2003), identificaron una serie de estrategias desadaptativas de cara a la regulación emocional, a las que añado algunas de las que observo más frecuentemente en mis pacientes.

Algunas “malas ideas” a la hora de regular mis emociones

1.- Expresión emocional intensa y descontrolada: conductas tales como gritar, golpear algo o llorar sin tener en cuenta el contexto, las necesidades y estados emocionales de los demás, etc. 2-. Huida/Evitación de lo que me hace daño, de varias formas: puede ser una evitación cognitiva (hacer esfuerzos para evitar pensar lo más mínimo en el problema), la evitación conductual (no exponerse a situaciones estresantes o huir de ellas), el pensamiento desiderativo (desear haber actuado de otra forma, alimentando mi culpa en silencio) o el pensamiento fantástico (soñar despierto, viviendo una película de mi vida en paralelo donde las cosas funcionan como a mí me gustaría)… Son formas de desconectar de la realidad, esconder la cabeza como el avestruz. De hecho, hablamos los psicólogos de un patrón general de evitación, cuando la persona evita una gran cantidad de situaciones físicas o interpersonales hasta el punto de restringir su vida y la de los que les rodean, generando consecuencias personales y sociales. 3-. “Anestesia”: el uso del alcohol y drogas para olvidar el problema, superar el malestar o conectarme artificialmente con estados emocionales más agradables, como el placer o el humor. Podemos incluir aquí el uso de psicofármacos cada vez que nos encontramos alterados (muy frecuente el uso de ansiolíticos cada vez que me siento algo nervioso) sin un seguimiento médico. Enfrascarse en el trabajo, abusar de la comida, llenarse de actividades de ocio/sociales, no parar de hablar, etc. pueden ser formas de aliviar o esquivar el malestar para algunas personas y llevado al extremo, generar consecuencias negativas. Un caso especialmente grave son las autolesiones. 4-. Inhibición o Supresión emocional: es cierto que a veces necesitamos suprimir momentáneamente una emoción (por ejemplo, nuestra frustración delante de un jefe perfeccionista…), dando salida más adelante a la emoción de forma controlada. Pero mantenidas en el tiempo no son adaptativas, generan impulsividad y alteraciones en el estado de ánimo, sobre todo si no logramos darle salida en algún momento. 5-. Desesperación o abandono: renuncia al control a la hora de manejar una situación que se percibe como incontrolable, dejándose llevar por las circunstancias, incluidos los estados emocionales subsiguientes. 6-. Aislamiento social: ocultar los sentimientos, evitando el contacto con otros o que sepan sobre la situación estresante o sus efectos emocionales. A veces tenemos la ilusión de que, si los demás no ven nuestro sufrimiento, este es menor. El apoyo emocional de los demás es fundamental, si bien hay personas que tienen una menor necesidad de este contacto social, aunque no son mayoría. 7-. Oposición y conflicto, confrontación o expresión de enojo a terceros, descarga y culpabilización del otro, violencia verbal o física…. Estos patrones agresivos a corto plazo sirven de desahogo y ventilación emocional, pero a medio plazo generan problemas personales e interpersonales. 8-. Rumiación: dar rienda suelta a pensamientos repetitivos de carácter catastrofista, con foco en los aspectos negativos y amenazantes de la situación estresante. Esta estrategia nos lleva a la ansiedad, a la culpabilidad y tendencia a la autocrítica y a la parálisis, con efectos en la autoestima y la capacidad de logro de nuestras metas. Pensemos sobre estas estrategias desadaptativas para gestionar nuestras emociones, veamos si utilizamos algunas de ellas y cuáles son las que queremos abandonar, porque a la larga afectan a la salud, coartan nuestra vida y limitan nuestra capacidad de ser feliz. En el contexto de la psicoterapia trabajamos nuevos recursos psicológicos para que las personas no necesiten estas estrategias y puedan usar otras más adaptativas para lograr su bienestar emocional. Un abrazo, Irene de Miranda Reynés Psicóloga, Psicoterapeuta y Formadora, IDEM Psicología www.idempsicologia.es