Tradicionalmente, cuando oímos hablar del término “inteligencia” lo asociamos a capacidades mentales como la memoria, el uso del lenguaje y las capacidades matemáticas, el razonamiento lógico, etc. Sin embargo, un concepto de inteligencia más actual podría resumirse como “la capacidad de adaptación de las personas a la vida, al entorno, de consecución de logros y la realización personal”.

Un poco de historia

A finales del siglo XX, surgen una serie de autores desde el enfoque cognitivista de la psicología. Gardner se dedicó a estudiar qué aspectos componían lo que llamamos inteligencia y en 1983, lanzó su Teoría de las Inteligencias Múltiples, añadiendo al concepto de CI (Cociente Intelectual), otros factores no cognitivos para entender la capacidad de las personas para adaptarse al mundo y generar una vida satisfactoria. Así habló por primera vez de diferentes inteligencias como la musical, la interpersonal, intrapersonal, kinestésica, naturalista, etc., entre otras, además de la inteligencia lógico-matemática y la inteligencia verbal-lingüística típicas.

Destacamos a Salovey y Meyer (1990, 1997). Estos autores fueron los primeros en definir el concepto de inteligencia emocional como la habilidad para manejar los sentimientos y emociones, discriminar entre ellos y utilizar este conocimiento para dirigir los propios pensamientos y acciones y así manejar situaciones relevantes para la persona. Con ello ampliaron en concepto de inteligencia.

La inteligencia Emocional

Dentro de la inteligencia, por tanto, hay en cuenta una serie de capacidades relacionadas con nuestras propias emociones: comprenderlas, expresarlas, manejarlas… y con las emociones de los demás: entender qué sienten los demás, y cómo podemos relacionarnos con ellos. Conceptos como la autoestima, las relaciones interpersonales, la capacidad de automotivación, la empatía, las habilidades sociales, etc. entrarían dentro de esta definición de inteligencia emocional.

De hecho, comúnmente se habla de que hay personas inteligentes y de que hay personas “listas”. Quizá las primeras puedan obtener mejor puntuación en un test de inteligencia, pero las segundas son personas que saben conducirse de manera exitosa, independientemente de su nivel de formación, éxito profesional, etc. Las personas que son inteligentes emocionalmente funcionan de manera eficaz en la vida, consiguen sus objetivos, toman decisiones adecuadas y crean relaciones satisfactorias con los demás.

Daniel Goleman (1995) en su obra “La Inteligencia Emocional” profundiza y populariza este concepto, desarrollando una amplia teoría sobre cómo la inteligencia emocional es la clave para dirigir nuestra vida de manera eficaz.

De todo esto, nace progresivamente a principios del siglo XXI la necesidad de integrar estos nuevos conceptos de la inteligencia en los diferentes ámbitos de la sociedad: la gestión de las personas en las organizaciones, en todos los ámbitos de la enseñanza, en el ámbito sociosanitario, tecnológico, etc. Por ejemplo, en el ámbito de la gestión en las organizaciones destacan los desarrollos de Goleman. Si hace unas décadas se seleccionaba a una persona por sus competencias técnicas, hoy en día se tienen en cuenta competencias personales como el liderazgo, la automotivación, las habilidades sociales, etc. En el ámbito escolar, por ejemplo, distintos modelos de educación emocional implementados en muy diversos contextos han demostrado una mejora del rendimiento académico y del clima en la escuela tras la implantación de programas basados en la inteligencia emocional.

Como veis, hay mucho trabajo por hacer para que vaya calando este concepto más amplio de inteligencia, desde todos los ámbitos. A continuación, detallo algunas de las aplicaciones en las que trabajo habitualmente desde la inteligencia emocional, en IDEM Psicología, además de en los procesos de psicoterapia:

– Imparto talleres de Inteligencia Emocional para profesores y sobre todo a familias, para que descubran cómo pueden trabajarlo con sus hijos. En los talleres que se realizarán con los alumnos, por etapas, se pretende trabajar las competencias emocionales fundamentales con una metodología lúdica.

– Incluyo el contenido de inteligencia emocional en los cursos que imparto de Gestión del Estrés, Atención al cliente, Comunicación y Resolución de conflictos.

– Es el modelo que inspira mis cursos de Trabajo en Equipo y Liderazgo de Equipos, ya que se trata de fomentar en los participantes el desarrollo de estas habilidades que mejoran el clima laboral, la motivación y el rendimiento de los equipos.

– También lo aplico a los cursos que imparto sobre Atención al Paciente y buen trato a la persona mayor, en instituciones socio-sanitarias.

– Trabajamos los conceptos de gestión emocional en los grupos de apoyo a cuidadores de personas con dependencia/demencia.

Quién sabe si al final puede impactar en la sociedad el hecho de que todos seamos más sensibles a las emociones propias y de los demás. ¿Quién pensáis que debería aprender un poco más de este tema? Os invito a que cada uno trabajéis a favor de este tema, desde vuestra especialidad.

Un abrazo,

Irene de Miranda Reynés
Psicóloga Sanitaria
Directora IDEM Psicología
www.idempsicologia.es