La inteligencia emocional se basa en dos principales habilidades: autoconciencia y autogestión de nuestras emociones. Desarrollar ambas va a llevar un proceso de maduración y de aprendizaje en nuestras/os hijas/os, y nuestro papel como madres y padres va a ser fundamental para proporcionarles tanto el modelo como las experiencias en el día a día que permitan este aprendizaje. A continuación, facilito una serie de consejos para desarrollar la inteligencia emocional en los niños:

  • Escuchemos a nuestros hijos de manera atenta y empática siempre, intentando captar de manera abierta, sincera y sin juzgar sus estados mentales, emocionales y fisiológicos, como si quisiéramos leer un poema y entender el verdadero significado. Para escuchar de manera empática necesitamos tiempo y concentración; si no es posible, siempre será mejor decirles: “espera un momento que saco la cena del horno y me cuentas con detalle que no quiero perderme nada”, en vez de hacer como que les escuchamos, sin hacerlo de verdad. Escucharles es el mejor regalo: les hace sentirse muy importantes, y desarrollar su propia capacidad de comprensión y reflexión sobre sí mismos y los demás.

 

  • Mostrar empatía ante sus estados emocionales funciona como un “potente calmante cerebral”, como nos indica Álvaro Bilbao, siendo sensibles a sus emociones, poniéndole nombre, desde bien pequeños: “parece que estás triste”; “te veo enfadado con…”. Conseguiremos que ellos se hagan conscientes de sus propias emociones: desde las más agradables (alegría, tranquilidad…), hasta las más incómodas como la ira, el miedo, la frustración, la ansiedad…. Por contrario, a veces tratamos de negar su emoción, ignorándolos. Por ejemplo, cuando llora desconsolado porque no encuentra su juguete preferido, en vez de empatizar con él, nos incomodamos y le regañamos: no sintonizamos.  Podemos mostrar empatía con lo que les decimos, pero sobre todo con nuestra mirada, nuestros gestos e incluso tocándoles o abrazándoles. A través de la empatía, nuestra hija/o se calmará antes, y juntos podemos pensar en la mejor manera de solucionar la situación. Para ello, es preciso que nosotros como madres y padres aumentemos nuestra propia conciencia emocional, mejoremos nuestro vocabulario emocional y seamos capaces de expresar también nuestros estados emocionales: “cuando tú no recoges tus juguetes yo me siento…”, “estoy alegre cuando sales del cole y me cuentas las cosas que habéis hecho hoy”.

 

  • Poned normas y límites a su comportamiento, de acuerdo con su edad. La falta de normas y límites hace que la vida de las niñas/os sea mucho más estresante, y les provoca experimentar continuamente con nuevas conductas para descubrir cuáles son los límites de su comportamiento. Cuando ponemos normas, hacemos que su mundo sea más seguro y permisible, y aprenden a demorar sus gratificaciones, reprimir sus impulsos, etc. Esto será de gran ayuda en el futuro para crecer en autonomía y responsabilidad.

 

  • Cuando llega el mal comportamiento, lo primero antes de sermonear a nuestra hija/o es tranquilizarle. Así podrá calmarse, y es más posible que nos escuche. Por ejemplo, le diremos: “veo que estás cansado ahora, llevas toda la tarde sin parar. Ahora vamos a jugar un rato tranquilos” Una vez que esté más calmado, podemos explicarle que hay que dedicar un rato a los deberes, o recoger la habitación. Es lo que Siegel y Bryson llamaron técnica de “conectar y redirigir”, en vez de sermonear y regañar, que no suele funcionarnos y nos enfurece.

 

Irene de Miranda Reynés
Psicóloga Sanitaria
Directora IDEM Psicología

 

RECURSOS RECOMENDADOS:

Libros recomendados:

– Bilbao, A. (2015) “El cerebro de los niños explicado a los padres” Barcelona: Plataforma Editorial.

– Siegel, D.J y Bryson T.P (2018) “Disciplina sin lágrimas”, Barcelona: Penguin Random House

Guías de la familia:  Consejería de Políticas Sociales y Familia – D. G. de la Familia y el Menor, CAM

– Cómo crecen nuestros hijos.

Inteligencia emocional. El secreto para una familia feliz. Una guía para aprender a conocer, expresar y gestionar nuestros sentimientos.

Otras fuentes recomendadas: Elsa Punset