Contar a un niño o niña que va a ir a una consulta de psicología puede despertar muchas dudas en las familias: cómo decirlo, qué palabras usar, qué hacer si se asusta o si pregunta “¿es que estoy mal?”. No se trata de preparar un discurso perfecto, sino de encontrar una forma sencilla, honesta y tranquila de acompañar algo nuevo que, bien presentado, puede vivirse como un espacio de ayuda y de cuidado.
El objetivo no es convencerle a la fuerza, sino ofrecerle un marco seguro que reduzca miedos innecesarios y le permita hacerse una idea de qué va a encontrar.
¿Por qué es importante cómo se lo contamos?
La manera en que explicamos la consulta de psicología influye mucho en cómo la viven los peques:
- Puede disminuir la ansiedad ante lo desconocido.
- Ayuda a evitar que lo interpreten como un castigo o como algo “muy grave”.
- Les da un espacio para preguntar y expresar lo que sienten.
Si lo comunicamos con calma y naturalidad, es más fácil que perciban la psicología como un recurso de apoyo, no como una etiqueta.
¿Quién es la psicóloga y qué hace?
Una psicóloga es una persona que ayuda a las personas, tanto pequeñas como mayores a encontrar soluciones a sus problemas, problemas muy diversos, por ejemplo: hay niñas/os que tienen miedo, otras/os que están demasiado tristes, hay niñas/os que se enfadan mucho cuando las cosas no les salen bien y acaban gritando y pegando, o que han tenido situaciones difíciles y necesitan ayuda para superarlo o aprender cómo actuar en el futuro. (podéis cambiar esta última e incluir vuestra propia forma de hablar sobre las conductas o problemas que tiene vuestra hija/o).
Todo lo que hablemos cada uno con ella será secreto y confidencial, no se hablará al resto si no damos nuestro permiso a la psicóloga para hacerlo. Eso sí, si diciéndolo, ella puede ayudar o proteger a alguien, lo tendrá que decir y nos avisará antes.
Ajustar el mensaje a su edad
No es lo mismo hablar con un niño de 5 años que con una chica de 13. La idea central puede ser la misma (“hay una persona que nos va a ayudar y que visitaremos de vez en cuando”), pero el lenguaje y el nivel de detalle cambian.
Con niños y niñas más pequeños (aprox. 4–7 años)
- Usar frases cortas y concretas: iremos de vez en cuando, el primer día iremos contigo, y luego tú ya solo.
- Hablaréis de todos los temas que tú necesites. Papá y mamá también irán a ver la psicóloga para les ayude.
- Evitar explicaciones muy largas o técnicas.
- Apoyarse en ejemplos cotidianos: “igual que cuando vamos al médico porque nos duele la tripa, esta persona nos ayuda cuando lo que duele es por dentro, en las emociones”.
Con niños mayores y preadolescentes
- Dale un poco más de información sobre qué se hace en sesión, cuanto dura y cada cuanto iremos, si aún lo sabemos, lo comentaremos el primer día con la psicóloga.
- Explícale que en la consulta se hablará de todos los temas que ellos les importen y que la psicóloga irá preguntando y trabajando lo aspectos que sean necesarios para que se encuentre mejor emocionalmente. Papá y mamá también tendrán sesiones con la psicóloga para ayudarles.
- Inclúyele más en la decisión de objetivos: qué cosas les gustaría que mejorasen: cuáles son los problemas que más les preocupan, cuáles son sus peores momentos en el día a día, etc. De todo esto se hablará si allá/él quiere, con la psicóloga en consulta. Recuérdale también sobre la confidencialidad, que comentaba antes.
- Pregúntale y reconoce sus posibles miedos o resistencias (“puede que no te apetezca mucho al principio, y es normal”).
Mensajes que pueden ayudar
Explicar quién es la psicóloga y para qué sirve
- “Vamos a ir a ver a una persona que se llama xx, que sabe mucho de cómo se sienten los niños y niñas cuando están preocupados, tristes, enfadados o les cuesta alguna cosa.”
- “Su trabajo es ayudarnos a entender mejor lo que te pasa y a buscar juntos formas para que te sientas un poco mejor, por eso es importante que tú le cuentes las cosas que te preocupan/ lo que te ha pasado/ cómo te sientes”
Desligar la consulta de la idea de “culpa” o “castigo”
- “No es un castigo ni vas allí es porque tú seas malo/a.”
- “Si vamos es porque últimamente estamos viendo que lo estás pasando mal con (situación concreta) y no queremos que tengas que hacerlo solo/a.”
- Evitar que sientan que hay temas que no se deben hablar, como si fueran secretos familiares, ya que impiden que pueda expresar sus inquietudes totalmente, conservando una fidelidad familiar innecesaria.
Normalizar pedir ayuda
- “A veces las familias necesitamos que alguien desde fuera nos eche una mano.”
- “Igual que pedimos ayuda con los deberes o con un deporte, también podemos pedir ayuda con las emociones.”
- Papá y mamá también han ido a hablar con la psicóloga porque también necesitan su ayuda.
Qué evitar (sin querer, puede hacer daño)
Con la mejor intención, a veces se utilizan mensajes que aumentan la angustia.
Conviene evitar:
- Etiquetas: “es que eres muy problemático/a”, “a ver si así te arreglan”.
- Amenazas: “si sigues así, te llevo al psicólogo”.
- Secretismo: no contarle nada y llevarle “de sorpresa” a una cita.
- Minimizar en exceso: “no es nada, solo vas a jugar”, si realmente hay temas importantes que tratar.
- Dirigir lo que puede o no decir, lo que tiene que trabajar en las sesiones y cómo tiene que decir las cosas.
La sinceridad adaptada a su edad suele ser menos dañina que un mensaje confuso o contradictorio.
Dar espacio a sus preguntas y emociones
Es probable que tu hijo o hija tenga dudas o incluso miedos:
- “¿Me va a regañar?”
- “¿Voy a estar solo/a o tú también entras?”
- “¿Cuánto tiempo dura?”
Puedes responder con calma, y si algo no lo sabes, está bien decir: “No lo sé exactamente, pero lo podemos preguntar juntos el primer día”.
También es posible que se enfade o diga que no quiere ir. En ese caso:
- Valida la emoción: “entiendo que no te apetezca, es algo nuevo y da un poco de cosa”.
- Mantén el marco: “aun así, vamos a ir a conocerla, y luego le puedes contar lo que te apetezca”.
Preparar el primer día de consulta
Algunas ideas prácticas para que el primer encuentro sea más llevadero:
- Contar con antelación cuándo será la cita (no avisar en el último minuto, salvo que el peque sea muy ansioso y necesite aviso corto).
- Explicar cómo es, a grandes rasgos, el lugar: “es una consulta tranquila, con juguetes/materiales para niños, sillones donde sentarse…”.
- Acordar si llevará algo suyo (un muñeco, una libreta), si eso le da seguridad.
- El primer día irá acompañado a la consulta con mamá o papá, los siguientes días ya irá solito, si le parece bien.
Puedes decirle también que, al principio, la psicóloga querrá conocerle, hacerle preguntas, quizá proponerle algún juego o dibujo, y que no hay respuestas “buenas” o “malas”.
¿Qué pasa si no quiere hablar?
Es bastante frecuente que, al principio, algunos niños y niñas se muestren callados, tímidos o incluso desafiantes. Puedes anticiparlo así:
- “Puede que el primer día no te apetezca mucho hablar, y está bien. Poco a poco iréis cogiéndoos confianza.”
- “La psicóloga sabe que al principio puedes estar más callado o con vergüenza, y lo tendrá en cuenta.”
Transmitir que no se le va a forzar a contar cosas a lo bruto, sino que se irá construyendo una relación poco a poco, ayuda a bajar defensas.
Incluir a la familia en el mensaje
Es importante que el niño o la niña no sienta que “él/ella es el problema” y los demás observan desde fuera.
Puedes remarcar que:
- La psicóloga también hablará con madres/padres o cuidadores. De hecho, en mi caso siempre vienen antes para hacer la evaluación y recibir pautas de actuación en casa.
- No se trata solo de “cambiar” al peque, sino de que toda la familia pueda encontrar formas distintas de relacionarse o de afrontar lo que está ocurriendo.
Por ejemplo:
“Irene hablará contigo, pero también con nosotros primero, porque esto que está pasando no lo llevas tú solo/a, lo estamos viviendo todos y necesitamos su ayuda para estar mejor.”
Cuando las familias también necesitan apoyo
A veces, lo que más cuesta no es tanto explicarlo al niño, sino sostener lo que a ti te remueve: preocupación, culpa, miedo al juicio, tristeza por ver a tu hijo/a sufrir.
Puede ayudar recordar que:
- Pedir ayuda no significa haber fallado como madre, padre o cuidador.
- Estar desbordada/o en determinados momentos es humano, seamos mayores o pequeños.
- El espacio terapéutico también puede ser un lugar para que tú pongas palabras a lo que estás viviendo en la crianza.
- Es muy importante que la familia apoye al niño/niña en sus problemas de conducta o emocionales, ya que no podemos dejar toda la responsabilidad del cambio en nuestros pequeños. Por ello, normalmente en mi consulta, acuden primero papis/mamis, hacemos los cambios necesarios en el ambiente emocional, la interacción y la comunicación e incluso en las pautas educativas, para sentar las bases del cambio psicológico de los pequeños de la casa.
- Recordad que los cambios suceden poco a poco, que también necesitamos como padres cargarnos de paciencia y confiar en la posibilidad de mejora de nuestros pequeños, os recomiendo leer estos consejos para padres y madres “desesperados” que escribí hace un tiempo.
Si sientes que no sabes bien cómo abordar esta conversación con tu peque o que te supera emocionalmente, puede ser buena idea comentarlo en la primera llamada o correo a la consulta. Juntos buscaremos la forma más ajustada a vuestra familia y al momento que estáis atravesando.
Un abrazo,
Irene de Miranda Reynés
Psicóloga, Psicoterapeuta y Formadora
IDEM Psicología


