A menudo hemos oído hablar la depresión postvacacional, incluso la hemos sentido: un estado de ánimo decaído, síntomas de ansiedad (taquicardia, náuseas, molestias gastrointestinales, insomnio, cefaleas….), y falta de motivación para la vuelta al trabajo. En los casos más graves aparece una falta de sentido vital, fracaso personal y desesperanza. En realidad, no podemos de hablar de un trastorno de depresión, que tiene otras características y mayores implicaciones, pero sí de un síndrome postvacacional: conjunto de síntomas que se presentan a la vuelta de las vacaciones, y que dificultan la vuelta a la rutina y al trabajo. Además, se pueden extender a otras labores diarias, como el cuidado del hogar, la vuelta al cole, etc…
Suelen ser más habituales tras periodos largos de descanso y cuando la persona manifestaba un nivel alto de estrés o insatisfacción por el trabajo previamente y cuando coexisten otros problemas de salud, de pareja, familiares o económicos. Las altas expectativas sobre las vacaciones también son un factor implicado, pues no siempre se cumplen, o no se siente tan descansado o reconfortado por las vacaciones como esperaba.
Qué podemos hacer para evitar el síndrome postvacacional
Algunos consejos antes de las vacaciones:
– Planear con realismo las vacaciones, que se ajusten a nuestras necesidades de ocio y descanso, situación personal y familiar, de forma que no supongan elementos adicionales de estrés, que después pasarán factura: agenda cargada de actividades y compromisos, cambios sucesivos de horarios sin periodo de recuperación, adecuación a la edad de los hijos, etc… Nivelar las expectativas sobre las vacaciones antes de irnos, nos ayudará a disfrutarlas más.
– Unos días antes de las vacaciones, intentar dejar el lugar de trabajo ordenado y las tareas a realizar a la vuelta planificadas y organizadas, de forma que nos sea más fácil la vuelta. Por ejemplo, podemos hacer una pequeña limpieza y dejarnos apuntadas las prioridades y tareas urgentes a la vuelta. Igualmente en el hogar, dejar en orden la casa y sin grandes tareas pendientes que nos estresen a la vuelta.
Algunos consejos durante las vacaciones:
– Desconectar del móvil y de las tareas laborales en la medida de lo posible. Dar instrucciones en el trabajo para que sepan en caso de extrema urgencia cómo y cuándo podrán contactarnos, para que podamos dejar de estar pendientes si no nos necesitan.
– Cuidar la alimentación y los hábitos de sueño durante el periodo. Al comienzo necesitaremos dormir más, pero en unos días estaremos descansados físicamente y podremos racionalizar los horarios de sueño. Hacer una actividad física suave será una buena manera de mejorar el estado físico y eliminar el estrés, lo que nos hará sentirnos más recuperados a la vuelta.
– Unos días antes de finalizar las vacaciones, ir adecuando progresivamente los horarios: eliminar las siestas para comenzar a acostarse más temprano, horario de comidas, etc.
– No es conveniente llegar de vuelta justo el día anterior, sino dejar al menos un día de adaptación antes de comenzar el trabajo.
Algunos consejos después de las vacaciones:
– Si es verano, y los días son largos, podemos continuar algunas de las actividades de ocio que veníamos haciendo y practicar algo de deporte: no cambiar radicalmente las rutinas.
– Iniciar el trabajo con cierta progresión, atendiendo lo importante y urgente sólo y tomando un tiempo para reconectar con el ambiente, y las tareas. No autoexigirse demasiado, pues necesitamos un periodo de adaptación para volver al nivel de desempeño que teníamos antes de coger las vacaciones.
– Dar importancia a las relaciones sociales en el trabajo: reconectar con las personas, mostrar apoyo y dejarse apoyar por los demás. Reservar un rato para un café y una comida de “inicio de curso”
Si eres jefe, tenlo en cuenta también con tu equipo: te lo agradecerá y mejorará el clima laboral.
En todo caso, es un síndrome pasajero, que normalmente dura entre 1-2 semanas máximo, cuando poco a poco vamos entrando en la rutina y volviendo a nuestros horarios y quehaceres habituales. No suele necesitar tratamiento psicológico. Si por el contrario, los síntomas persisten en el tiempo o se agravan, puede ser que estemos hablando de otro tipo de problemas: estrés crónico, burnout, trastorno de adaptación, etc…, por lo que puede ser necesario acudir a una consulta de psicología para una correcta evaluación y tratamiento.
Irene de Miranda Reynés
Directora IDEM Psicología y Terapia


