Llegada la adolescencia, nos preocupa a los padres y madres el hecho de que nuestro hijo, que va ganando autonomía, pueda comportarse de forma irresponsable y pueda iniciarse en alguna conducta de riesgo. Por conducta de riesgo entendemos aquella que en sí misma ya entraña un peligro potencial, bien por no ajustarse a las normas sociales, o por el grado de peligrosidad para la integridad física o psíquica que conllevan.

Es posible que en algún momento detectemos que nuestro hijo está llevando a cabo alguna conducta de este tipo. Las que más tememos los padres son: el uso inadecuado de internet o redes sociales, el sexo no seguro, coqueteo con drogas, conducción bajo efecto drogas y conflictos con amigos o pandillas. Al respecto de todo ello, podemos hacer muchas cosas. Lo primero es desterrar la idea de que “si nuestros hijos no consiguen controlar el 100% de sus conductas de riesgo, está todo perdido”. Lo importante es paliar el riesgo, no anularlo, porque esto al 100% es imposible ya que la adolescencia suele ser un periodo de experimentación.

Algunos consejos en este sentido son:

– Educar en el valor de la responsabilidad por sí mismos, que valoren desde pequeños la importancia de cuidarse y lograr sus metas.

– Establecer desde pequeños límites a su comportamiento y normas a cumplir, adecuadas a su edad, flexibles pero consistentes y estables en el tiempo. Todavía no tienen todas las competencias para responsabilizarse de todas sus acciones, ni son totalmente independientes. Por eso aún necesitan los límites y normas y nuestra presencia atenta y observante. Poco a poco irán interiorizando todas esas normas y siendo más independientes.

– Enseñarle habilidades sociales: aprender a decir no, saber negociar, ofrecer y aceptar críticas, etc… En general la mejor forma de enseñarles es a través de nuestro propio comportamiento.

– Ayudarle a valorarse a sí mismo fomentando un autoconcepto positivo y realista y una adecuada autoestima

– Tener la información correcta para irles asesorando sobre cada tema a lo largo de la adolescencia: redes sociales, drogas, sexo seguro, etc… Debemos estar al día de los temas.

– Observa a tu hijo, estando pendiente de cambios en su estado de ánimo, estado físico, sus hábitos, etc… Cuando ocurren cambios significativos podemos acercarnos a ellos sin agobiarles y chequear que todo va bien, demostrar que estamos pendientes de ellos y expresar que necesitamos saber si están bien y que pueden contar con nosotros.

No obstante, el contacto esporádico con todos estos riesgos a veces será inevitable, pero el hecho de que se convierta en un hábito o quede en la experimentación va a depender de muchos factores: estado de ánimo, responsabilidad, autoestima, relación con la familia, estilo de ocio, si disponen de dinero o no, el tipo de amistades, ambiente en su comunidad o barrio, etc… Éstos pueden actuar como factores de riesgo o de protección, y se trabajan desde bien pequeñitos.

Bibliografía  en la web recomendada para padres:

– Cómo convivir con adolescentes, Guías de Familia, 9. Consejería de Políticas Sociales y Familia – D. G. de la Familia y el Menor, Comunidad de Madrid.

Irene de Miranda Reynés
Directora IDEM Psicología y Terapia