En otra entrada del Blog hablamos sobre qué entendemos los psicólogos por autoestima. La autoestima se forma desde muy pequeños, primero con base en la percepción que los propios padres van reflejando al niño, y que él va interiorizando. Los mensajes respecto a sí mismo que recibe de sus padres y otros adultos de referencia, son la base de la autoestima que veremos después. Cada niño necesita sentirse amado y aceptado, para posteriormente ir integrando en su autoconcepto nuevas experiencias con otras personas y situaciones. Las comparaciones entre hermanos, amigos, etc. no son buenas: cada uno debe sentirse aceptado y valorado por sí mismo.

La alta autoestima es un factor de protección en general con respecto a las conductas de riesgo, ya que promueve una estabilidad emocional y una relación adecuada con uno mismo y con los demás, afrontando con confianza los diferentes problemas y conflictos, y tomando decisiones acertadas ante dilemas como: tomar drogas o no, andar con tal o cual compañía o tener prácticas sexuales de riesgo o no. Es común encontrar que los jóvenes que consumen drogas o realizan otras conductas de riesgo, que tienen menor éxito escolar, etc. muestran niveles bajos de autoestima. Esto no quiere decir que sea una causa de estos problemas, si no que la relación es un poco más complicada, lo comentaremos después.

Algunos consejos prácticos para mejorar la autoestima en nuestros hijos adolescentes son:

– Demostrarles apoyo y aceptación incondicional, que siempre estamos ahí, para lo bueno y lo malo. Esto es muy fácil cuando son pequeños, pero debemos mantenerlo también cuando van creciendo y en la adolescencia.

– Cuando hagan las cosas bien, o consigan sus metas, debemos elogiarles. Hay veces que no lo hacemos, porque consideramos que “es su deber”, perdiendo una ocasión estupenda para reforzarles y aumentar su valor. Para un niño, sus figuras parentales y que ellas muestren lo mucho que le valoran, es lo más importante del mundo. El primer paso para que aprendan a valorarse y reforzase ellos mismos, es recibirlo primero por parte de sus padres. Después lo interiorizarán y esos mensajes de refuerzo se los proporcionarán a sí mismos.

– Tengamos también en cuenta que las alabanzas sean proporcionales a los esfuerzos realizados, igual que pasa con los premios. No es cuestión de ser generoso, si no de mantener una proporcionalidad entre premios y esfuerzos o resultados alcanzados, en función también de los valores de cada familia.

– Cuando no hacen las cosas bien, hagamos críticas concretas, sobre su comportamiento en ese momento o situación, no globales y definitivas. En vez de decir “eres un vago”, es más útil decir “no has estudiado lo suficiente este examen”. Lo primero es global y estable, definitivo. Lo segundo es concreto y modificable.

– Reconocer el esfuerzo, los intentos fallidos, y no sólo los resultados excelentes, ya que en la vida, no siempre un esfuerzo conlleva el éxito. De esta forma, les estaremos ayudando a superar la frustración y tener un punto de exigencia consigo mismos más adaptativo para el futuro. En este sentido, es bueno que rebajemos nuestro nivel de exigencia con ellos, mirar a sus limitaciones de manera realista para no sobrepasar sus posibilidades actuales, permitiendo revisar el nivel según nuestro hijo evolucione. Es lo que llamamos el “círculo de la autoestima”: la experiencia de obtener buenos resultados les permite tener una visualización positiva a futuro, expectativas de ser eficaces y capaces en sus retos, y todo ello refuerza de nuevo su autoestima. Lo contrario, lógicamente, pesa en detrimento de su autoestima. Así que mejor ir poco a poco y fomentando situaciones de éxito, acordes a su edad, capacidades y gustos personales. Luego iremos ampliando los retos.

– Nuestros hijos se equivocarán, y fracasarán en algún momento. No son perfectos. Superar las propias frustraciones como padres y no mostrarles nuestras pequeñas y grandes decepciones con ellos, es importante también.

– Dejar un espacio y tiempo para que nuestros hijos establezcan sus opiniones y tomen sus decisiones. Podemos ofrecerles nuestra guía, haciéndoles preguntas clave que les permitan explorar y anticipar consecuencias, pero sin darles todas las soluciones. Esto fortalece su personalidad, lo que les va a ser de mucha utilidad para funcionar dentro de su grupo de iguales. Supone tener que aceptar en ocasiones sus decisiones, aunque no estemos del todo de acuerdo, siempre que no pongan en riesgo su seguridad o la de otros. Así, pueden aprender de las consecuencias de sus actos y alcance de sus decisiones, con lo cual la próxima vez tendrán más información y sabrán mejor cómo afrontar determinadas situaciones. Es una manera de reforzar su autonomía.

– Por último, muchos padres y madres me preguntan en consulta si ellos pueden fomentar una buena autoestima en sus hijos, cuando ellos mismos no la tienen. La respuesta es que sí, aunque es cierto que los niños aprenden de las actitudes y habilidades de los adultos, con lo cual, no está de más trabajar la propia autoestima personal: nuestros hijos nos imitan en este y muchos otros aspectos.

Irene de Miranda Reynés
Directora IDEM Psicología y Terapia