Ya desde pequeños, podemos establecer unas buenas pautas de comunicación con nuestros hijos. Si al llegar a la adolescencia, hemos creado una relación basada en la confianza y el respeto, será mucho más fácil dialogar sobre temas complicados, llegar a soluciones ante los problemas y negociar acuerdos con ellos.

Cómo desarrollar una buena comunicación desde pequeños:

Hay unas pautas muy sencillas pero que hay que integrar y mantener a lo largo del tiempo:

– Desarrollar con nuestros hijos una comunicación positiva, afectuosa, que invite a la colaboración y les motive para que reflexionen y pongan palabras a lo ven, sienten y necesitan. Desde los primeros años, el lenguaje va a ser una manera más de conocer el mundo y relacionarse con él. Preguntar más que afirmar, nombrar y describir más que calificar y juzgar las cosas permitirá que como padres y madres, les ayudemos a descubrir el mundo exterior y a expresar poco a poco su mundo interior, que también se irá desarrollando.

– Tener una comunicación abierta, acostumbrarles a comentar en familia los temas que interesan o preocupan a cada uno, adecuando el contenido a la edad del niño. Nosotros debemos ser ejemplo de ello compartiendo nuestras inquietudes. Es útil reservar determinados momentos al día para comentar cómo nos ha ido o pedir opinión de los demás sobre aquello que nos preocupa, por ejemplo durante la cena, haciendo que se sientan parte importante en la conversación.

– Animarles a dar su opinión, comentar cómo ha ido el día, preguntar por esto y aquello, etc… Usemos preguntas abiertas (que no pueden contestarse con un sí o un no) y guardemos el silencio necesario para que ordenen sus ideas y puedan expresarse. Nuestras prisas e impaciencia no ayudan a la comunicación.

– Practicar la escucha activa y atenta, mirémosles a la cara cuando les preguntamos y cuando ellos nos comentan sus anécdotas del día, o cualquier problema que nos quieran comentar, ya que eso hará que se sientan apoyados y tenidos en cuenta y animará a que continúen compartiendo sus inquietudes en el futuro. Para ello, debemos de concentrarnos sinceramente en lo que nos cuentan, mostrar interés y respeto en sus opiniones, aunque no siempre las compartamos.

– Nuestros hijos aprenden de nosotros a comunicarse, por lo que debemos ser conscientes de que somos un modelo para ellos. Si interrumpimos, hablamos por encima del otro, si quitamos importancia a lo que lo demás dicen, si nos evadimos mientras los demás hablar,  si evitamos determinados temas, etc. es muy probable que aprendan todo eso de nosotros.

– Atender a la parte emocional, no sólo la racional, cuando nos hablan. Es parte de la información y casi lo más importante: nos indica cómo se han sentido ellos, cuánto de importante ha sido y si necesitan ayuda o no. Nosotros también debemos cuidar la parte emocional cuando hablamos, ajustando el tono (tranquilo, amable, en general) y el lenguaje a ellos.

La comunicación con nuestros hijos nos va a permitir mejorar la relación y confianza con ellos, enseñar valores y actitudes hacia la vida, los problemas interpersonales, etc. También nos va  permitir enseñarles a dialogar, negociar, realizar y aceptar críticas, etc. Todas ellas son habilidades muy útiles para su socialización progresiva fuera de la familia y les van a guiar en su actuación diaria. Se aprenden fundamentalmente en casa, con los padres, y después se pondrán en práctica en la escuela y en el juego; más adelante con el grupo de amigos.

Bibliografía  en la web recomendada para padres:

Inteligencia emocional. El secreto para una familia feliz. Una guía para aprender a conocer, expresar y gestionar nuestros sentimientos.

Irene de Miranda Reynés
Directora IDEM Psicología y Terapia