Recientemente hemos conocido el informe “State of Motherhood in Europe 2024” de la organización Make Mothers Matter analiza la situación de las madres en Europa a partir de una encuesta a unas 9.600 mujeres en 11 países europeos + Reino Unido. Las conclusiones del estudio son claras:

  • La maternidad está poco reconocida social y políticamente, muchas madres sienten que su rol no se valora ni se apoya lo suficiente
  • Gran dificultad para conciliar trabajo y familia: muchas reducen horas o cambian su empleo tras tener hijos, lo que acrecienta la brecha de género en el ámbito laboral. La maternidad frena el desarrollo laboral y económico de muchas mujeres
  • Carga desigual de cuidados: la corresponsabilidad entre hombres y mujeres aún no ha llegado. Las madres asumen la mayor parte del trabajo doméstico y de crianza (hasta ~64%)
  • Problemas de salud mental muy extendidos. Un porcentaje alto reporta ansiedad, estrés o sobrecarga emocional.
  • Falta de apoyo estructural, se señalan carencias en: permisos parentales, conciliación laboral, acceso a guarderías, reconocimiento del trabajo no remunerado

El informe concluye que hacen falta cambios políticos y sociales urgentes para mejorar el bienestar de las madres.

 ¿Qué consecuencias psicológicas tiene para las mujeres que son madres?

La pregunta que nos hacemos es qué consecuencias a nivel psicológico tiene esta situaciones en las madres. Son muy comunes en las consultas de psicología, madres que acuden con:

  • Estés crónico: sobrecarga física, emocional y Las madres asumen múltiples roles simultáneamente (trabajadora, cuidadora, organizadora del hogar), generando estrés crónico (con su consiguiente agotamiento físico y emocional), fatiga mental (por la constante atención a todas las intendencias y necesidades del hogar), y sensación de no llegar a todo, lógicamente.
  • Riesgo elevado de ansiedad y depresión, el propio informe muestra altos niveles de problemas psicológicos, derivados de esta falta de apoyo familiar y social, aislamiento…
  • Conflicto de identidad y crisis personal. Muchas madres sienten tensión entre:
  • identidad personal: sus intereses, proyectos, relaciones sociales, autocuidado
  • identidad profesional: retos, aprendizajes, desarrollo y salario
  • identidad como madre: disponibilidad total, prioridad de los cuidados

El resultado de este conflicto de “identidades” se refleja igualmente en sentimientos de culpa (“no soy suficiente en ningún rol”), pérdida de identidad personal y baja autoestima. No sólo hay este conflicto, sino que fruto de la presión social y los valores individualistas y materialistas actuales.  Además, fruto de este conflicto, las mujer que es madre, realiza un tremendo esfuerzo por satisfacer las expectativas propias y ajenas en cada uno de los roles, por lo que la sobrecarga y estrés consecuente aumentan.

  • Conflictos familiares y de pareja: cuando la mujer que es madre hace sus intentos de priorizarse en algunos momentos, atender sus necesidades y poner límites, en ocasiones genera conflictos en la pareja y la familia.

 ¿Cómo hemos llegado aquí?

Algunos de los factores que creo que están generando esta situación en la mujeres que son madres son:

Desigualdad de género

La división sexual del trabajo (Talcott Parsons) sigue vigente: hombres que hacen el trabajo productivo fuera del hogar y mujeres que realizan el trabajo doméstico, no reconocido ni remunerado. La mujer entra en el mundo laboral de forma masiva en el siglo XX y asume una doble jornada: los hombres aún están tomando su parte del trabajo no productivo que les toca.  El resultado, hoy en día es el reparto desigual de tareas y la falta de corresponsabilidad ejercida por sus parejas.

Desigualdad de género internalizada

La falta de corresponsabilidad ejercida por sus parejas refuerza roles tradicionales, en las mujeres, donde la mujer perpetúa roles que en un principio rechaza o rechazaba, como asumir los cuidados y la organización del hogar de forma unilateral no compartida. Muchas madres se sienten responsables principales del cuidado y experimentan culpa si no cumplen ese rol, además de realizar su jornada laboral.

Esto genera:

  • Normalización de la sobrecarga femenina
  • Aprendizaje social en hijos (modelos de género)
  • Posible resentimiento en la pareja, porque se siente roto el contrato tácito inicial de “seremos un equipo”.  Muchos problemas de pareja que observo parten de una decepción por parte de la mujer con el hombre que, a medida que las cargas familiares se acrecientan, va desapareciendo, centrado en sus prioridades y necesidades personales (laborales, ocio y autocuidado), mientras la mujer renuncia a sus “otras identidades” para cubrir las necesidades emocionales e instrumentales de la familia. Hay una viñeta del ilustrador Javirroyo que representa lo que sienten muchas madres cuando la familia crece: kidults

Afortunadamente, existen otros tipos de padre, y algunas parejas son un verdadero equipo, también por Javirroyo.

 “Vales por lo que produces”

La sociedades actuales son individualistas: valoran la independencia, el logro personal y la autonomía, como muestran los estudios del psicólogo social Geer Hofstede y su modelo de las 6 dimensiones de la sociedad. Adicionalmente, la dimensión de masculinidad decía, es el rasgo que acentúa la ambición, la adquisición de la riqueza y distingue los roles de género en una sociedad. Feminidad es el rasgo que hace hincapié en cuidar y alimentar comportamientos, igualdad, conciencia ambiental y los roles de género más fluidos.

La maternidad implica dependencia (el hijo necesita cuidados constantes), interdependencia (red de apoyo para poder brindar los cuidados) y tiempo no productivo económicamente. Esto genera un choque en la mujer que es madre porque la sociedad le dice: “sé independiente y productiva” y la maternidad le dice “cuida, depende, y dedica tiempo”. El trabajo de cuidados no está remunerado, no tiene prestigio social y por lo que vemos, no se siente valorado dentro de la familia y la pareja.

La consecuencia es un gran conflicto interno y la sensación de “ir contra las expectativas que tienen de mi a nivel social y familiar”.  Valores como el éxito profesional, el rendimiento constante y la optimización del tiempo, que se han transmitido ya desde la escuela, la familia, los medios de comunicación y ahora en las redes sociales, se ven traicionados con la situación de maternidad, con la consiguiente culpa e insatisfacción en la mujer.

 Presión social sobre la crianza: acrecentada por las redes sociales, una presión por “hacerlo todo bien”. Consejos inalcanzable sobre la crianza, la alimentación sana, cuidados en general y hasta ropa y calzado, etc. Observo en la consulta madres y padres con una gran presión por cumplir todas las prescripciones de gurús de todo tipo que dan los consejos totalmente inasumibles para una familia normal, que trabaja y tiene una vida e ingresos normales.

 “Superwoman ideal” (presión cultural moderna)

La sociedad actual no ha abandonado los roles tradicionales, sino que los ha acumulado, y tampoco ha bajado el nivel de exigencia, por supuesto. Se espera que la mujer sea madre perfecta, hija perfecta, profesional exitosa, independiente económicamente, persona realizada, etc. (no quiero entrar en otros mandatos como “tener deseo sexual siempre para mostrar su amor por la pareja”, “estar guapa, cuidarse físicamente y no envejecer” porque me meto en otro tema, pero ahí lo dejo…).

Esto es estructuralmente, socialmente y, lo peor, psicológicamente imposible.

Falta de reconocimiento: cuando el trabajo de cuidado no se valora en un contexto social o familiar, aparecen sentimientos del tipo:

  • Frustración, insatisfacción
  • Sensación de desequilibrio, injusticia
  • Desmotivación y tristeza

Conclusión

La maternidad en nuestra sociedad no es solo un tema social o económico, sino un problema psicológico estructural para las mujeres que son madres hoy en día: estrés crónico, desgaste emocional y físico, insatisfacción y crisis vital. Las dificultades descritas pueden influir en aspectos tan relevantes como tener menos hijos, retrasar la maternidad incluso rechazarla. Todo esto sin mencionar el estado de las madres en sociedades no democráticas y países no desarrollados.

Me parece muy importante señalar que esta situación no es resultado de una falta de afrontamiento adecuado o pobres recursos psicológicos de cada una, sino que es el resultado de la falta de apoyo, la falta de corresponsabilidad de sus compañeros, la desigualdad de roles y las políticas insuficientes.

Otro día hablamos de cómo hacerse fuerte y resistir a todo esto.

Ánimo, chicas, ¡a cuidarse! Y si me necesitáis, ya sabéis dónde estoy

Un abrazo,

Irene de Miranda Reynés
Psicóloga, Psicoterapeuta y Formadora
IDEM Psicología