A menudo las madres y padres nos quejamos de las dificultades y desconexión que sentimos con nuestros/as hijos/as adolescentes. Parece como si no reconociéramos a nuestro pequeño en ese joven que permanece horas tumbado en su cama. Se acumulan las dificultades en las rutinas diarias, los hábitos familiares y la comunicación. Sin embargo, este proceso de cambio es totalmente normal y fundamental para el desarrollo de su personalidad. Los primeros cambios físicos y emocionales hacia la juventud aparecen a partir de los 11 años aproximadamente: ya no es son niñas/os, pero tampoco han madurado aún, y no son adultos. Veamos los principales cambios:

– Cambios físicos, que se aceleran en esta etapa que le generan inseguridad y le llevan a compararse con los demás. Afectan a su autoconcepto; pensemos que a veces, cuando se miran al espejo, se ven tan cambiados que se sorprenden (y quizá se asusten un poquito también…)

– Los cambios no sólo se producen a nivel corporal sino también a nivel cerebral, aumentando su capacidad de pensamiento hipotético (pensar en posibilidades, adelantar posibles consecuencias, etc.…), entre otras.

– Búsqueda de su yo propio, su propio criterio, separándose del modelo de padres y madres, y buscando ser diferente de lo que hasta ahora era. Esto rompe muchas veces las expectativas de los progenitores y genera mucho desconcierto en ellos. Este proceso culminará con el logro de la identidad, cuando el joven define sus metas personales y profesionales que guiarán sus pasos hacia la independencia.

– Gran atracción por el grupo de iguales, que resta importancia a la figura de los padres como modelos, que por otro lado les ofrecen seguridad y cariño. Surgen ídolos como cantantes, actores, etc.… Se genera un fuerte sentido de la solidaridad y fidelidad con los amigos y no tanto con la familia, de la que necesitan separarse para construir una nueva identidad independiente.

– Necesidad de intimidad personal, según va explorando su mundo interior, necesita esos espacios de aislamiento, privacidad y respeto a sus cosas. No es, por tanto, rechazo del mundo exterior, si no búsqueda de su mundo interior. Y esto sucede a la vez que tienen más dependencia del exterior (amigos, moda, etc..) que nunca. Esta ambigüedad es normal, y los padres pueden ayudar a generar un equilibrio entre ambas.

– La inseguridad es paliada con varias estrategias: cambios en la apariencia, lenguaje propio de adolescentes, identificarse con alguna tribu urbana, conductas de “mayores” (entre ellas alguna conducta de riesgo, probar drogas…), todo ello normalmente sin mayores consecuencias…

– Son egocéntricos por naturaleza, aún no han desarrollado completamente una capacidad de empatía con los demás, y la irán adquiriendo a lo largo de este periodo. Sienten rechazo por todo lo que no es como a ellos les gustaría, y son capaces de estar horas encerrados en su habitación imaginando cómo deberían o podrían ser las cosas, imaginando historias en las que ellos, que se ven el centro del universo, son los protagonistas.

– Los impulsos sexuales comienzan a manifestarse, y condicionan sus relaciones con iguales, y empiezan a tener las primeras experiencias. Es muy importante hablar abiertamente con los hijos sobre estos temas, como fuente complementaria de información. Pero no es cosa de un día, haciendo una conferencia al respecto, sino de ir compartiendo la información poco a poco, sobre todo respecto a temas como: sexo como forma de relación entre personas; aspectos fisiológicos y reproductivos; medidas de protección y prácticas de riesgo a evitar, etc. Estas primeras experiencias se deben vivir con naturalidad y sin culpabilidad por parte del adolescente.

En resumen, la actitud desafiante y oposicionista, es fruto de esta búsqueda de la propia identidad y de la separación de los modelos materno y paterno. No es tanto un proceso de enfrentamiento y rechazo de sus padres, a los que siguen queriendo y necesitando, aunque no lo demuestren.

En nuestra consulta realizamos asesoramiento a madres y padres en esta etapa de adolescencia, partiendo siempre del entendimiento de este momento evolutivo tan particular, ayudándoles también a que conozcan a sus hijos y les comprendan mejor. Además, les ayudamos a desarrollar buenas habilidades de comunicación, resolución de conflictos y asertividad; de esta forma, seguramente estas primeras experiencias de exploración del mundo fuera del núcleo familiar serán experiencias valiosas y reconfortantes que le permitirán el paso con normalidad a su vida adulta.

Bibliografía en la web recomendada para padres:

– Cómo convivir con adolescentes, Guías de Familia, 9. Consejería de Políticas Sociales y Familia – D. G. de la Familia y el Menor, Comunidad de Madrid.

Irene de Miranda Reynés
Psicóloga Sanitaria
Directora IDEM Psicología