Todos guardamos cosas que tienen un significado especial para nosotros. Una fotografía, una carta, un recuerdo de un viaje o incluso objetos que pensamos que algún día podremos necesitar. Conservar determinadas pertenencias forma parte de nuestra vida cotidiana y no tiene por qué suponer ningún problema.
La dificultad aparece cuando desprenderse de ellas se vuelve especialmente complicado. Tirar, regalar o vender un objeto puede generar un gran malestar, incluso cuando su valor es escaso o ya no tiene una utilidad clara. Poco a poco, las pertenencias pueden llegar a acumularse hasta ocupar espacios destinados a otras actividades.
Cuando esta dificultad es persistente y llega a interferir en la vida cotidiana, podemos estar ante un trastorno de acumulación.
De una característica del TOC a un trastorno independiente
El trastorno de acumulación no siempre se ha considerado un trastorno independiente. Durante mucho tiempo se incluyó dentro del trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), pero con la llegada del DSM-5 pasó a reconocerse como un trastorno diferenciado dentro del grupo de los trastornos obsesivo-compulsivos y relacionados.
Aunque comparte algunos mecanismos psicológicos con el TOC, presenta características propias. De hecho, la dificultad para desprenderse de las posesiones no tiene por qué estar relacionada con las obsesiones y compulsiones típicas del TOC.
¿Por qué cuesta tanto deshacerse de las cosas?
Deshacerse de un objeto puede generar un malestar intenso. Puede aparecer la sensación de que se necesitará en algún momento, la idea de que todavía podría resultar útil o la impresión de que tirarlo supondría desperdiciarlo. También puede existir un vínculo emocional con determinadas pertenencias que hace especialmente difícil dejarlas atrás.
Ante estas situaciones, conservar el objeto permite evitar ese malestar inmediato y puede proporcionar una sensación de alivio o seguridad. De este modo, guardar puede convertirse en la respuesta más sencilla cada vez que aparece la incomodidad asociada a desprenderse. Con el tiempo, este patrón puede favorecer que cada vez resulte más difícil tomar la decisión de qué conservar y qué dejar atrás.
A medida que los objetos se acumulan, pueden empezar a ocupar espacios destinados a actividades cotidianas. Habitaciones, pasillos o superficies de la vivienda pueden quedar abarrotados, dificultando o incluso impidiendo acciones tan básicas como cocinar, dormir o moverse por la casa.
Las consecuencias tampoco se limitan al espacio físico. La acumulación puede generar conflictos familiares, aislamiento social y dificultades en otras áreas importantes de la vida. En los casos más graves, también puede llegar a comprometer la seguridad y el bienestar de la propia persona o de quienes conviven con ella.
¿Es lo mismo que el síndrome de Diógenes?
Aunque a veces se utilizan como si fueran lo mismo, el trastorno de acumulación y el llamado síndrome de Diógenes no son equivalentes.
En el trastorno de acumulación, el elemento central es la dificultad persistente para desprenderse de las posesiones y la necesidad percibida de conservarlas. En el llamado síndrome de Diógenes, en cambio, se describe un patrón más amplio en el que pueden aparecer autodescuido extremo, aislamiento social y condiciones de vida muy deterioradas o insalubres, que pueden acompañarse de acumulación de objetos o residuos.
Además, el síndrome de Diógenes no constituye un diagnóstico independiente dentro del DSM y no existe un consenso suficiente sobre sus criterios diagnósticos. Por eso, encontrarnos ante una vivienda abarrotada o en malas condiciones no permite determinar por sí solo qué está ocurriendo.
¿Y el coleccionismo?
Tampoco debe confundirse el trastorno de acumulación con el coleccionismo. En una colección, los objetos suelen seleccionarse de forma intencionada en torno a un interés concreto y existe una decisión deliberada de conservarlos. En el trastorno de acumulación, en cambio, la dificultad para desprenderse puede afectar a objetos muy diversos y llegar a comprometer el uso de los espacios y el funcionamiento cotidiano.
¿Cómo se puede intervenir?
El trastorno de acumulación puede abordarse desde la terapia cognitivo-conductual, adaptada a las características de cada persona. El trabajo puede centrarse en comprender las creencias asociadas a las pertenencias, aprender a tolerar el malestar que aparece al desprenderse de ellas, mejorar la toma de decisiones y reducir, cuando está presente, la adquisición excesiva de nuevos objetos.
El objetivo no es simplemente conseguir una casa más ordenada, sino ayudar a que la persona pueda recuperar el uso de sus espacios y mejorar su funcionamiento y calidad de vida.
Carla García Tejero
Psicóloga y divulgadora
IDEM Psicología


