Uno de los motivos de consulta más habituales en la terapia de pareja es la dificultad para mantener una comunicación fluida y agradable, por presencia de discusiones, hostilidad, etc. que dificultan mucho el funcionamiento adecuado de la relación, incluso la resolución de pequeños obstáculos y problemas que se presentan en el día a día de todas las familias.

Especialmente es importante reducir la comunicación hostil, que tiene las siguientes características:

  • Descontrol en la expresión de las emociones.
  • Reproches del pasado (deberías haber hecho) y exigencias (deberías hacer…)
  • Acusaciones, amenazas
  • Sarcasmo, etiquetación de la otra persona
  • Cortes en la conversación, interrupción, cambio de tema
  • Disputa sobre versiones de temas pasados, una y otra vez
  • Quejas y contra quejas (responder a una queja con otra queja)
  • Problemas en la conducta no verbal y paralingüística: no mirar al que habla, no asentir, no acompañar, no preguntar…o inadecuada (suspiros, gestos, mirar a otro lado, mirar el móvil, postura impropia…)

Todas estas conductas hostiles durante la comunicación hacen que sea muy difícil el entendimiento mutuo, rayando incluso la falta de respeto. Surgen como respuesta a una comunicación hostil inicial de una parte, pero lejos de solucionarlo, provocan más hostilidad de nuevo, haciendo cada vez más difícil la comunicación, como un círculo vicioso. El problema de todo ello es que suba en escalada y se llegue a la falta de respeto y a la comunicación violenta (gestual, verbal, etc.)

Sin ser tan extremos como estos rasgos de comunicación hostil, a continuación, presento un extracto de los errores de comunicación en pareja que me encuentro con más frecuencia en consulta, de los que recopilaron en su día Thomas, Walter y O’Flaherty (1974):

  • Déficit de lenguaje positivo: omitir alabanzas o decir cosas agradables al otro como persona, o sobre lo que el otro dice o hace.
  • Discurso excesivamente emocional: intensa entonación, gritos, llanto frecuente…
  • Responder en exceso: responder a una pregunta durante largo tiempo y extendiéndose mucho más allá de lo preguntado,  repitiendo varias veces las partes que más duelen al otro, “rizando el rizo” hasta el punto de monopolizar la conversación, anulando y hundiendo al otro.
  • Déficit en la contestación: Un interlocutor contesta muy poco en relación con lo que se le ha preguntado previamente o se le ha pedido comentar, en ciertos temas o en general.
  • Afirmaciones radicales o dogmáticas: Hacer afirmaciones de modo categórico: “todo o nada”, “bueno o malo”, “siempre o nunca”…
  • Evitar hablar de un tema, que es tabú para una de las partes por el motivo que sea.
  • Déficit en reconocer la razón de la otra parte: no admitir ni dar crédito a las afirmaciones correctas del otro, ni reconocer su punto de vista, por motivo de orgullo personal, no porque no lleve razón el otro.
  • Exceso de habla negativa: Expresar con demasiada frecuencia opiniones negativas y críticas de los demás, de sucesos o de la propia pareja.
  • Adivinación del pensamiento: Suponer que uno sabe lo que la otra persona está sintiendo o pensando. O, por otro lado, no expresar necesidades y sentimientos, porque se entiende que el otro debería ya saberlos “a estas alturas de la relación”.

Los temas que podemos trabajar con la pareja para mejorar esta forma de comunicarse van desde la escucha activa y empática, saber hacer peticiones y críticas constructivas, asertividad- comunicación no hostil, lenguaje positivo, flexibilidad cognitiva, auto gestión emocional, expresión regulada de las emociones positivas y negativas, etc. En general habilidades interpersonales para mejorar este aspecto clave de las relaciones de pareja: la comunicación.

Sin embargo, casi todas las consultas de terapia de pareja trascienden a los temas de comunicación: la toma de decisiones sobre aspectos clave, problemas sin resolver, desacuerdos en la crianza de los hijos, las tareas domésticas o los aspectos económicos, así como dificultades en la expresión de afecto y la sexualidad suelen estar también implicados. Cada caso es particular. No obstante, tener una buena base de habilidades de comunicación permite rebajar el grado de hostilidad que se vive en el hogar y facilita trabajar el resto de las áreas que puedan estar afectadas en cada caso, por lo que suele ser uno de los primeros trabajos que realizamos con las parejas en terapia.

Irene de Miranda Reynés
Psicóloga Sanitaria
Directora IDEM Psicología